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miércoles, 1 de agosto de 2007

YO HAGO UN LLAMADO:


A todas las autoridades sanitarias de este maldito rancho nacional, para que unamos esfuerzos verdad, en contra de la hediondez de los malditos motorizados que pululan como moscas salvajes los contornos volubles y siniestros del asfalto cotidiano.

Es que no conformes con que con su lengua mocha, viperina y babeante de anís Cartujo le digan a uno “Licenciado” o “Dotor”, estas porquerías humanas, negras e ignorantes, se dedican a ese degenerado empleo como que a propósito. Ellos han llegado al planeta a quejarse de su miseria, su falta de estudios a punta de que te cales a un Jéirson de existencia sublimada ante las colas infernales de los bancos.

Por eso este llamado de vital importancia: no más al vaho incorrecto de sus cuerpos danzantes: ya basta del tufillo no galante y férreo de sus chemises de Don Regalón; no más, no más incómodos aires de pupú y sudor pernicioso del guantecito mohoso agarra- carpeta. ¡FUERA, FUERA!, ¡no más lentes amarillos, plateados! ¡NO LE SIGAN ECHANDO MÁS MIERDA A ESTE TOBO!

Yeah Yeah Yeah
Lic. Aguacatico Dávila
UCV-2003

jueves, 12 de julio de 2007

HAZ PUPÚ MIAMOR, HAZ PUPÚ Y PIPÍ


Minuto desdichado de aislamiento corporal que genera el imperfecto
deterioro de la tripa obsoleta y antojada.
Lánzate la lenta flatulencia infantil de las mañanas cuando renazca la
pujada certera de la mierda en pasta.
Crea de una bacinilla de azules perlados y fieles contornos polímeros
el Géiser sabroso y marrón de Costilla Criolla que tanto alimenta al
gusano maldito en la alcantarilla de la vida.
Defecación de tu fuero interno que tapuja chillido a chillido el
maternal aliento de la Señora Rojas.
Pon atención, que detrás de un horizonte de herrumbre y ladrillo
oloroso a creolina, emana la fetidez moral del barrio de mi corazón.
Un puchero, dos pucheros, tres pucheros, y la genética inconstante de
tu cuerpecito me presenta visos de imaginería marginal; justo cuando
el bebé se agarra el sexo incoloro y desplaza su manita hasta tocarse
los dedos de los pies. Esos dedos cargados de angustia al tocar el
piso de la incertidumbre.
Mientras tanto, en la oscura vacuidad de tu plástico redentor, se
aligera la pesada carga de la consistencia pastosa de un epílogo
gastronómico a base de avena, Chesse Tris y 7up.
Acompaña el presagio de prótidos, glúcidos colados, y carne molida con
el súbito e instantáneo reflejo de sumar una catarata de placeres
líquidos a tu entorno.
La mezcla constituye un canto a los antepasados, a la cruda historia
de tu existencia.
Suéltense en el aire miles de aves de parduzcas plumas que narren con
trinos de astucia los esplendores de tu cuerpo. A ellos le acompañará
una cálida y ornamental orquesta de truenos y centellas.
Créeme: a nadie le importará si esparces tus espasmos con la tristeza
de una mirada concreta: aquí estamos para desterrar la tolerancia
familiar a fin de aliviar cualquier apuro de una biología comprometida
con el caos, la miseria y el desorden.
Son ese par de manos salvadoras hediondas a pulcritud albiceleste las
que abrirán con Llaves de decoro, cualquier destino que nos depare la
pequeña cárcel alimenticia que hace de la putrefacción un arte; del
relajo orgánico, la esencia de tu vida.
-Bueno miamor, ya hiciste pupú y pipí. Ahora vete a jugar.
Aquí hiede a pura humanidad.

Aguacatico Spósito Dávila, apostando a un Nóbel como Cagón del Año y
protagonista de la foto que acompaña estas palabras.

jueves, 3 de mayo de 2007

Otra Vez me Cagué Encima!


Yo, Marcos Parra De Abreu, admito ante mis colegas; Ruperto López Lopera y Aguacatico Spósito, soler hacerme pupú en las pantaletas...Debo reconocer que al menos una vez al año me cago atrinca en la calle por combustiones espóntaneas que mi culo no controla y que mis intestinos desechan como peos líquidos.


El primer caso ocurrió en 2001, saliendo del restoran "La Cita" en La Candelaria. Habiendo tragado una langosta entera, decidí caminar vía "Fotolandia" pero fuí atacado por dolores de parto que dieron a luz una plasta, como Yelitza, a la altura de "Sagrado Corazón de Jesús". Supuse no estar acostumbrado a comidas tan finas. Más tarde, ese año, me embarré en la ciudad de Liverpool-Inglaterra y ahora que recuerdo, lo mismo ocurrió en Nueva York, cerca del Madison Square Garden y otra vez, pero en el Ateneo de Caracas, donde sí vale la pena deyectarse duro sin compasión.


Hace como dos meses, venía de copiloto en un carro y me cagué a la altura de Chuao, pero feo que se cagan. Ergo, no soy gay, no soy adeco, no como chigüireo, pero compadritos, tengo ese defecto: soy cagón, requiero su compasión y que me regalen interiores marca "Diyon`s" de vez en cuando, porque me niego a quitarle los "Prudential Total"" de Aloe Vera con doble núcleo de absorción y cintura elástica tamaño mediano para incontinencia severa a mi abuela. La última vez que le pedí algo, me metió un coñazo..."mi abuela, di-di-dios me lo bendiga...
Marcazo, un abrazo

El día que decidí cogerme una gorda


yo no estaba bien de salud. De hecho fueron muchas las negativas que le di a Cayetano para salir ese día a tomar alcohol en el maldito antro ese de La Mosca. Pero como el cuerpo pide, y uno es debil de voluntad cuando hay putas, perico y curda, entonces me lancé a la juerga nocturna pese a mi linda gripecita.

La gorda no es que era una mujer rellena. Ni siquiera con cauchos. Era una gorda en todo el gordo sentido de la gorda palabra. Una gorda de mierda, de esas que resoplan cuando hablan. Una gorda con cara bonita. Burda e gorda.

Inesperado. La amiga de la gorda, una morena flaca bien puta, me fichó al decirme que ella, su amiga, mi amigo y yo nos deberíamos ir de esa cagada. Para otro sitio… Y que su amiga, la “gordita”, pegaría bien con Cayetano.

Yeah Yeah Yeah. Rock’n’Roll Suicide. Nos montamos al carro y camino al hotel, la gorda me jaló la verga tiesa. Más rock. Bueno, ni tanto. Sonaba el maldito hombre melcocha franchute comunistoide ese de Manu Chao. El disco de los piticos programados y los samplers de radio Managua de mierda. Qué importa… mientras haya cuca podré escuchar cualquier cosa.

En el hotel hicimos la separación de cuerpos. El vómito subido al gañote por el olor a Lavansán. Qué importa… hay cuca. ¡Y AY COÑO! La morena puta se llevó a Cayetano pal cuarto y la gorda me agarró pa otro…

Plomo. Desvestí a la gorda, que no se movió de la cama. Juro por Dios y la Virgen de la Covacha, que su vulva era más grande que una chayota. “Gorda, abre las piernas”: lengua retorcida sobre el clítoris. Y luego la penetración. Una gorda coge mal. No se mueve. Se tira peos cuando se lo hundes mucho y de paso gime como si la estuvieras matando. Yeah Yeah Yeah… la gorda no se movió y yo forniqué explotado de sudor a Cuba Libre. La gorda abría los ojos y los ponía en blanco cuando le metías la mocha: ese momento en el que nos arrechamos con el sexo y en vez de decir: “ahhh”, se te sale un: “anda puta de mierda, ¿te gusta mi matraca?”.

Cayetano tocó a mi puerta para decirme que podíamos intercambiar. Negativo al procedimiento, sargento. El hombre es un animal de costumbre. Y esa gorda aguanta mis buenos golpes de pelvis sobre su barrigota. Capaz que la puta que está con él se pone a llorar cuando chupa prepucio. Coño, qué lindo es sentir que le estás haciendo daño rico a alguien. Y que lo disfruta. Porque a esa gorda no se la habían cogido nunca tan duro.

El día que decidí cogerme una gorda, lo hice bien depinga. Acabé en su ombligo. Se fue a bañar y yo me quedé tirado en ese catre hediondo, tiritando con la felicidad clásica que sobreviene a las buenas cogidas.

Aguacatico Dávila, ni más ni menos.